Clarin! Espectaculos - Musica.
El tesoro brasileño menos pensado
El pernambucano sorprendió y maravilló con sus canciones cercanas a la perfección.
Por: Federico Monjeau
El pernambucano Lenine tiene 49 años y una importante trayectoria musical dentro y fuera del Brasil, aunque curiosamente nunca había actuado en la Argentina. El debut del miércoles con su banda reafirmó las impresiones recibidas por sus discos, evidentemente bien conocidos por las personas que llenaron la sala del Gran Rex: Lenine probablemente sea la figura más original que haya surgido en la música popular brasileña de los últimos diez o veinte años.
En un momento en que el arte de componer canciones no está en alza, ni siquiera en el Brasil, Lenine es capaz de sostener con una veintena de piezas propias un recital de dos horas sin puntos muertos. No hay relleno en canciones como Rua da passagem, que abrió el recital, o como Hoje eu quero sair só, O silencio das estrelas, La e cá, Miedo, A ponte y Jack Soul Brasileiro, entre otras. Muchas tienen un fuerte anclaje en ritmos nordestinos como el frevo y el baiao, pero con otro corte melódico y armónico.
Pero las canciones de Lenine no impresionan más por la transposición poético-melódica que por el sonido mismo. Hacía tiempo que no se oía un sonido tan crudo y trabajado al mismo tiempo; tan raro y novedoso, aunque para esto el músico no se valga de más atributos que una banda de seis músicos: un trío de metales, dos guitarras (contando la suya), bajo y batería. Ya desde el propio estilo guitarrístico de Lenine, la orquestación general es fuertemente percusiva: una percusión física, no ambiental.
Lenine es además un cantante extraordinario; no en el sentido de los exquisitos Caetano Veloso o Joao Gilberto, sino en una expresiva combinación de la tradición del rock y de la música popular brasileña. Lenine no es el único que canta en esta banda. Todos los instrumentistas son vocalistas, y la forma coral y en ocasiones de preguntas y respuestas le da al arte de Lenine, especialmente en piezas como Tubi Tupy o Alzira e a torre, cierto aspecto ancestral y colectivo.
Ofrecida como penúltimo bis, en Alzira e a torre el rito celebratorio incluye además una lista de homenajes, entre ellos uno para un músico argentino: el Indio Solari, cuya última estrofa de Mi caramel machiato Lenine incrustó con expresión.
Para entonces ya era medianoche, y habían pasado más de dos horas de uno de los recitales más perfectos que se hayan oído en mucho tiempo. Lo había introducido el guitarrista Fernando Tarrés con su quinteto (completado por Rodrigo Domínguez en saxo, Juan Pablo Arredondo en guitarra eléctrica, Carto Brandán en batería y Jerónimo Carmona en contrabajo), en dos temas propios: una investigación entre jazz moderno y ritmos criollos mucho más personal e interesante de todo lo que se ha venido haciendo últimamente bajo el lechoso concepto de "fusión".
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2008/06/06/espectaculos/c-01303.htm
No hay comentarios:
Publicar un comentario